La sombra de una nueva hambruna recorre el norte del paralelo 38 de la península coreana. A la crisis financiera mundial y el encarecimiento de los alimentos, se le suman una desastroza cosecha y un bloqueo internacional, impulsado por Estados Unidos, después de un polémico ensayo de detonación nuclear en 2006. Los idas y vueltas de Pyongyang para mantener su dilatada ambición nuclear.
El total hermetismo impuesto por la dictadura de Kim Jong Il desde 1994, cuando asumió el poder trás la muerte de su padre, Kim Il-sung, resulta un pilar fundamental en la doctrina del régimen gobernante. Pese a los esfuerzos internacionales y a una tímida apertura diplomática hacia Corea del Sur, las noticias sobre Corea del Norte son pocas y por cierto nada alentadoras. El hambre golpea duro a los pobladores del interior y acecha a la mayoría de sus habitantes. Todo mientras continúan las arduas, lentas y siempre intrincadas negociaciones multilaterales para su “desnuclearización”, que involucraron a Corea del Norte con un grupo de naciones compuesto por Corea del Sur, Estados Unidos, China, Japón y Rusia.
Reunir a esas naciones en una mesa de diálogo parece todo un logro de la diplomacia internacional, y no dista de serlo, claro que todas las partes participantes están unidas en un interés común, y es que ninguna le conviene una Corea del Norte con misiles balísticos intercontinentales (ICBM), con cargas nucleares, capaces de golpear su territorio. A juzgar por su calamitosa situación económica, ni siquiera a la propia república comunista le reporta muchos beneficios su insistencia nuclear, aunque tal vez uno: toda la predisposición de las potencias mundiales. Resulta curioso y hasta surrealista ver como un pequeño país controlado por una dictadura personalista logra sentar del mismo lado de la mesa a chinos y japoneses, rusos y norteamericanos.

Taepodong-2, el misil más moderno del arsenal norcoreano
Pese a que la información sobre la suerte de los norcoreanos es escasa, en mayo, la ONG budista “Buenos Amigos”, originaria de Corea del Sur, y con acceso a la parte norte de la península, advertía que la falta de alimentos se extendía por todo el país y podía provocar decenas de miles de muertos. La crisis podría ser tan grave como aquella padecida durante el último lustro del siglo XXI, cuando murieron de hambre más de un millon de personas, eso si, las ambiciones nucleares no han cesado desde entonces. El gasto militar de Corea del Norte continúa siendo muy elevado, sobre todo para la riquezas que el país hoy puede generar, que se concentran, justamente, en la exportación de armas, un negocio muy lucrativo, y principal fuente de ingresos del país, ciertamente, pero insuficiente frente al bloqueo internacional y el aislamiento internacional como política de Estado. Un ejemplo de las interminables idas y venidas de las negociaciones a seis partes comenzó el 9 de octubre, cuando el gobierno japonés prorrogó por otros seis meses las sanciones económicas contra Pyongyang, 48 horas más tarde, Estados Unidos la tachaba de la lista de paises vinculados al terrorismo.
Diplomacia del aislamiento: Corea del Norte como “el ermitaño loco y peligroso”
El 11 de octubre, la Casa Blanca quitó a Corea del Norte de la lista negra de paises que forman parte del célebre “eje del mal“. Las naciones que integran el listado fueron en su momento señaladas por la administración de George W. Bush por ser promotoras del terrorismo en el mundo. Esto ocurre poco después de que el Gobierno norcoreano anunciara que aceptará el acceso de los inspectores de la Agencia Internacional de la Energía Atómica, (AIEA), a sus instalaciones nucleares. Tanto desde Washington como desde Pyongyang se habla, -una vez más y van…- de un avance en las negociaciones. Pero eso sólo son formulismos diplomáticos. La desconfianza mutua es muy grande, en particular desde la Casa Blanca, donde han cultivado una curiosa paciencia oriental para las idas y vueltas nucleares del Gobierno de Kim Jong-il, y es que para el régimen norcoreano su programa nuclear no es ya un fín en sí mismo, sino un formidable instrumento de negociación internacional. Acaso la única carta útil de negociación que le resta. Pero esa baraja es un comodín muy valioso, que la elite norcoreana no está dispuesta a llevar al mazo tan pronto. Sobre todo para un gobierno que pretende hacer perdurar su hermetismo dictatorial sin quedar totalmente aislado del mundo. A eso hay que sumarle la importancia que cobra la ayuda internacional, sobre todo en combustibles y alimentos, que recibió durante los últimos años -aunque de forma variable- de parte de potencias como Japón y Estados Unidos. Pyongyang se comporta como un ermitaño insano y peligroso, la verdad es que sin la carta nuclear, Corea del Norte no le interesa más que a su próspero vecino del sur y no mucho más. Incluso, desde hace años que la diplomacia de Seúl maneja como mejor opción mantener el statu quo, es decir, prefiere que la situación en el norte no se desborde y se convierta en una crisis inmigratoria sobre su poderosa economía, a un posible cambio de régimen.
Lo cierto es que el principal objetivo del régimen es su supervivencia. Por ahora lo ha logrado con mucha habilidad, sobre la base de mostrarse como una república hambrienta, desesperada por conseguir apoyo internacional, a la vez que se presenta como una misteriosa y amenazante potencia militar, incluso capaz de alcanzar Alaska y la costa oeste de los Estados Unidos con sus nuevos misiles, ¿alguién puede asegurarlo?, todos los analistas y agencias de inteligencia dan respuestas muy diferentes sobre las capacidades misilísticas de la república comunista, y en general, sobre su potencial armamentístico. Sin duda existe mucha desinformación al respecto, y en ese sentido puede considerarse exitosa la estrategia diplomática desplegada, luego de la caida del comunismo, por las autoridades norcoreanas.
Hambruna revolucionaria

Escudo oficial de Corea del Norte
Si la diplomacia del régimen es funcional a su interés de permanencia en el poder, los esfuerzos militares se costean con el hambre de la población. Los que más sufren los rigores de la desnutrición son quienes viven en el interior del país, sobre todo en las zonas rurales del norte, alejadas de la capital Pyongyang. Todo esto viene acompañado por la fuerte subida de los precios del arroz, un alimento básico en la alimentación de los norcoreanos, que apenas se consigue comprar en el mercado negro, al que las autoridades denominan “mercado secundario”. El 10 de octubre, desde el diario oficial del partido gobernante -y por ende el más influyente- Rodong Simun, se realizó un nuevo llamamiento a la reconstrucción de la exangüe situación económica. “Con el poder de la unidad, instamos al pueblo a lograr el gran objetivo, presentado por el partdido, de construir un poder económico”.
Dictadura orwelliana

Bandera de la República Popular
Mientras tanto, algo que no se puede decir sobre quien rige los destinos de una nación que está al borde de la hambruna, es que es “excentrico”, como lo califican varios medios de occidente. Kim ha utilizado bastante bien el más rancio recurso de cualquier dictadura que se precie de tal: el culto a la personalidad. Durante sus 14 años al frente del poder gobernante, su imágen se transformó en icónica, ubicua, y su nombre debe ser pronunciado junto con las palabras “querido líder”, para no despertar las sospechas de la paranoia oficial. Kim, es un confeso amante del cine Hollywoodense, pero además, según cuentan algunos medios occidentales, también es aficionado a los mejores vinos y exquisiteces traidas exclusivamente desde lugares como Japón y Europa, todo para su regocijo personal. Mientras tanto, buena parte de los 23 millones de norcoreanos, “las masas”, según la denominación de la doctrina del partido, ni siquiera sueñan con el acceso a esos artículos suntuosos, más bien reparten su tiempo entre lo poco que deja al pensamiento la inanición y su odio cerval hacia “el siempre amenazante enemigo”, Estados Unidos. Una animadversión estimulada dia y noche por un aparato orwelliano, esto es, un sistema digno de la famosa novela del genial escritor britanico, George Orwell, “1984″. El mismo Orwell, crítico del estalinismo, no lo hubiera escrito mejor en su novela “Rebelión en la granja”, por el final, los animales de la granja encuentran una nueva consigna en un muro: “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”.
Supervivencia del Estado totalitario
Lo cierto es que mientras la elite gobernante, encabezada por las familias de la cúpula militar y su líder, Kim, acarician el sueño de una bomba atómica, la población se muere de hambre. Eso si, jamás en los últimos años se ha descuidado uno de los objetivos fundamentales de la “revolución” y es el de poder demostrar que sus misiles Taepodong, “Gran cañon” en coreano, tengan un alcance suficiente para disuadir a Estados Unidos, y cualquier potencia extranjera, de intervenir en su inmarcesible y secretísima dictadura. La lllamada “Comunidad Internacional”, realiza desde hace más de una década algunos esfuerzos dirigidos a disuadir a Corea del Norte de desarrollar un programa nuclear militar, eso es una realidad que ha conseguido pocas, pero significativas conseciones del régimen, por lo menos el acceso de ayuda alimentaria para los hambrientos del país y tal vez un pequeño retraso en sus ambiones nucleares.
Es una lástima que se haya quitado la vista de la igualmente hermética, igualmente empobrecida y por demás cruel dictadura Birmana, que hoy parece importarle nada más que a las Organizaciones de Derechos Humanos, pero claro, los también aislacionistas militares birmanos no dominan los secretos nucleares como sus pares norcoreanos.
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